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sábado, 23 de junio de 2012

DESPENALIZACIÓN DE LA TENENCIA PARA CONSUMO DE DROGAS.

Carlos Alberto Espiño Gamaza Junio 23 del 2012

SOBRE LA DESPENALIZACIÓN DE LA TENENCIA PARA CONSUMO DE DROGAS

NOTA Nº 3 Opinión de Monseñor José M. Arancedo, y otros comentarios.

La despenalización de la tenencia de drogas desprecia la vida y enaltece la comercialización de sustancias prohibida. La Iglesia ofrece una opinión coherente y salvadora, mientras que políticos y jueces prefieren impulsar la libertad de consumo.

Dijo Monseñor José M. Arancedo: “El tema de la despenalización de la droga es un tema que merece una seria y comprometida reflexión”. “No se trata de una cuestión académica o de solos derechos privados que puedan quedar en planteos teóricos, sino de reflexiones orientadas a clarificar principios de acción, sobre todo en el ejercicio de la autoridad pública. Las determinaciones que se tomen hacen tanto a la vida y salud de las personas como al bien de la comunidad en su totalidad. Estamos ante una cuestión que no pertenece a la esfera sólo de lo privado, sino que hace al bien público de la sociedad. Creo que esta primera aproximación es importante para definir el alcance y las consecuencias de una posible despenalización de la droga”.
“Al no plantear las verdaderas causas del camino a la droga, parecería que la sociedad no asume el problema ni siente el compromiso de una respuesta. La droga en nuestros barrios, como dice la gente que trabaja en ellos, está de hecho despenalizada. La despenalización por ley sólo agregaría la idea de que la droga no hace tanto daño, es decir, agravaría el problema y no daría una solución. Hay que escuchar a los familiares de los drogadictos para recibir un baño de realidad en estos temas. No debemos olvidar ni minimizar, por otra parte, el sentido pedagógico que tiene la ley. ¿Qué significaría, para ese universo de actuales y posibles adictos, decirles que la droga tiene un reconocimiento legal? ¿Es correcto que, en defensa de un pretendido derecho privado o subjetivo, se llegue a provocar un daño público?”
 

Por momentos parecería que se llega al planteo de “despenalización” de las drogas, como resultado de un fracaso en las políticas llevadas a cabo. Es como decir, hemos perdido la guerra contra las drogas aceptémosla como una realidad ya instalada que no admite un juicio. Creo, además, que se maneja con mucha ligereza en estos casos el concepto de drogas blandas y drogas duras, como queriendo disminuir su nocividad o asimilarlas a otras adicciones. Esto carece de una sólida base científica, por el contrario, es conocido el juicio de la ciencia sobre los daños irreparables que producen en la persona.

La Argentina será obligada, a partir de la supuesta sanción de esta ley, a soportar a los vendedores de droga en plena libertad de acción, ofreciendo veneno a los jóvenes y niños, mientras desde el Estado se combate la salud, la prevención y la atención de drogodependientes.
Los padres de jóvenes adictos, ya desolados y sin fuerzas, no ofrecen una barrera de contención para la pretensión de legisladores y jueces, que liberarán la venta minorista de drogas y el consumo libre de sustancias. 
Tomamos a Teresa Parodi o al periodista Chiche Gelblung como íconos de padres los de adictos, que hoy no levantan su voz para poner coto a la pretendida reforma legal. Esta reforma impedirá la atención compulsiva de adictos, mientras que los diputados amordazan a quienes venimos advirtiendo las bestiales medidas despenalizadoras que cocinan en el Congreso Nacional. 
Ya hemos visto como un padre de familia debió descerrajar tres tiros a su hijo para impedir que éste, bajo los efectos de sustancia, utilizara un cuchillo para eliminar a toda la familia. 
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, alertan frente a esta actitud. Cuando hablamos del consumo de drogas no hablamos de las adicciones en general, por ejemplo al tabaco, aunque sabemos que es perjudicial. Desconocer, o minimizar, las consecuencias irreparables que su uso implica, es un modo de complicidad pasiva con su consumo. No se trata de criminalizar al adicto, a quién hay que ayudar y prevenir frente al daño que ello implica, sino de definir un juicio y una actitud llamada a tener consecuencias para el bien de la sociedad.
Frente a la gravedad del hecho de la droga el desafío es cultural. Es necesario, por ello, apostar a una educación integral que dé sentido a la vida del niño y del joven; fortalecer tanto los lazos familiares como presentar proyectos de vida que vayan despertando y definiendo su futuro, y no temer poner límites frente a lo que los daña y termina degradando. Hay, lamentablemente, una urgencia en sacar rápido estos temas que no ayuda a plantear el problema y buscar soluciones de fondo. Es imprescindible, y siempre estamos en falta, “redoblar los esfuerzos para combatir las redes mafiosas de los mercaderes de la muerte”. Para ello es necesaria la presencia de un Estado, que en el ejercicio de sus poderes constitucionales, asuma una actitud clara, sin claudicaciones y ejemplar.
En nuestra Patria, no existe ya impedimento para que los grandes jefes del narcotráfico internacional se instalen aquí. Tampoco se observa preocupación alguna por confeccionar campañas preventivas, aunque si son bien claras las acciones para cerrar centros privados y públicos de atención a drogodependientes.
Carlos Alberto Espiño Gamaza
C.A.B.A. Junio 2012

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