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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un equipo de científicos descubre el gen que da cuerda al reloj biológico, la variación genética es capaz incluso de determinar en qué momento vamos a morir, según publica la revista «Annals of Neurology».



Andrew Lim, del centro médico Beth Israel en Boston y jefe responsable del equipo afirmó que “el reloj biológico interior regula muchos de los aspectos de la biología y conducta humana. También incluye en la hora de estados clínicos agudos, como el derrame cerebral y el infarto”.
La intención inicial de Lim y sus colegas era prevenir enfermedades y hallar el rastro genético que predetermina el padecimiento de determinadas enfermedades como el alzheimer o el parkinson.
En un total de 1.200 personas con más de 65 años se sometieron a este estudio, y desde una pulsera vigilaba sus ciclos de sueño y vigilia, y así descubrieron que las personas que suelen madrugar y acostarse temprano presentan diferencias genéticas con respecto a los que prefieren levantarse tarde y no se van a la cama hasta altas horas de la noche.
Un nucleótido combinado con el gen “Period 1” marcaba una diferencia entre los “madrugadores” y “trasnochadores”, ya que los primeros (60%) tenían adenina (A) y los segundos (40%) guanina (G).
Puesto que el ser humano posee pares de cromosomas, el adenina y el guanina también están presentes por partida doble (A-A, G-G o A-G).
El estudio reveló que los portadores del par A-A se despertaban aproximadamente una hora antes que los portadores del G-G, mientras que los del A-G dormían media hora menos que estos últimos.
Tras su muerte, los investigadores decidieron comparar también la genética de sus conejillos de indias, y comprobaron que esas variedades genéticas pueden poner hora de caducidad a la vida de sus portadores.
Así, las personas con el A-A y A-G, es decir, los madrugadores, morían cerca de las 11 de la mañana, mientras que la mayoría de los portadores del G-G (noctámbulos) fallecieron hacia las 6 de la tarde.
Sin embargo, Lim y compañeros advierten de que se necesitarían más estudios para determinar por completo la correlación entre el reloj biológico y el momento de la muerte.

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