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martes, 19 de agosto de 2014

Ébola en África.

Reflexiones sobre el Ébola en África


(JCR)
Tanto se ha escrito sobre el Ébola en África durante estos últimos días que dudaba si ponerme a escribir sobre este tema, que en España ha suscitado un especial interés desde que se supo que el religioso español Miguel Pajares, de la orden de San Juan de Dios, estaba imagesinfectado. La cuestión es saber si puedo decir algo nuevo que no se haya dicho ya y no decir ningún disparate, puesto que yo de temas médicos no entiendo. Mi compañero de blog publicó ayer un post que comparto totalmente sobre la falta de compasión de las autoridades españolas, que dejaron en tierra a dos religiosas africanas a las que se podía haber traído a Madrid. Yo intento añadir algo nuevo
Cuando Gulu, en el Norte de Uganda, se vio afectado por esta epidemia de octubre de 2000 a finales de enero de 2001, yo trabajaba allí como misionero. La casa donde vivía se encontraba a dos kilómetros del hospital de Lachor, donde se aislaba a todos los pacientes sospechosos de estar infectados, y viví muy de cerca todo lo que ocurrió en aquellos meses, en los que murieron 224 personas de un total de 425 casos de infección registrados. Veinte de los fallecidos eran personal sanitario del hospital de Lachor, incluidos dos religiosas ugandesas y el propio director del centro, el doctor Matthew Lukwiya, que mostró un comportamiento que puede calificarse de heróico.
A pesar de todo el dramatismo que uno puede imaginarse en una situación así, recuerdo que por lo demás durante aquellos meses la vida siguió su curso con bastante normalidad. Uganda tiene un sistema de salud público bastante eficiente comparado por otros países africanos, y en cuanto se detectaron los primeros casos se activaron todos los protocolos necesarios, se llevó a cabo una campaña de información que llegó a todos los rincones y la gente supo desde el primer momento que para evitar el contagio se trataba de evitar el contacto físico, llamar a los equipos sanitarios cuando se detectara algún caso sospechoso en los poblados, abandonar ciertas costumbres tradicionales como lavar el cuerpo de una persona fallecida, lavarse con agua y lejía con frecuencia y no viajar fuera de la zona. Con unas autoridades involucradas en seguir estas normas de seguridad, los expertos del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta presentes durante toda la crisis, y un personal sanitario convenientemente adiestrado y dedicado, en cuatro meses se consiguió erradicar el brote. Poco más se puede hacer en el caso de una enfermedad para la que hoy por hoy no existe un tratamiento efectivo ni una vacuna.
Desde que se identificó por primera vez el virus del Ébola, en el Congo (cuando aún se llamaba Zaire) en 1976, ha habido varios brotes y todos ellos en países africanos: además de Uganda, ha habido epidemias en la República Democrática del Congo, Gabón, Sudán y ahora en los tres países de África Occidental afectados: Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry (además de dos fallecimientos registrados en Nigeria), donde han muerto ya cerca de mil personas. Lo que diferencia a este último brote, además de su número de muertos mucho más elevado, es que es la primera vez que una epidemia de Ébola cruza fronteras y que nunca antes una situación así había estado tan fuera de control.
También ha sido la primera vez que ciudadanos occidentales han resultado infectados. Los primeros fueron el doctor Kent Brantly y la voluntaria Nancy Writebol, ambos norteamericanos. Cuando hay blancos de por medio todo parece más importante. Con ellos se va a probar un tratamiento experimental que, de momento, no está disponible para los afectados en África.
Entre las muchas cosas que he leído últimamente en los medios de comunicación españoles hay cosas que me sorprenden. El Ébola no se transmite respirando el mismo aire de una zona donde está la persona enferma, como ocurre con la gripe. Si no hay contacto físico, las posibilidades de contagiarse son nulas. Por lo tanto, no entiendo toda la alarma que se ha creado en España cuando se supo que el religioso español Miguel Pajares iba a ser trasladado al hospital Carlos III de Madrid, como si la presencia de este buen hombre en el centro sanitario vaya a crear un inminente peligro de contagio masivo en nuestro país. Cuando viví en Gulu en el año 2000 las personas contagiadas de Ébola estaban confinadas en un pabellón de aislamiento en un hospital donde, en el resto de sus instalaciones, se seguían realizando el resto de los servicios a los demás pacientes sin ningún problema.
El padre Miguel pajares, y la religiosa española (de origen ecuatoguineano) Juliana Bohi son dos de los muchos misioneros españoles que llevan décadas dejándose la vida para atender a los más necesitados en lugares dejados de la mano de Dios y de los que sólo nos acordamos cuando ocurre alguna tragedia que les afecta. El sacerdote español atendió hace pocas semanas a otro religioso de su comunidad: el hermano Patrick Nsahmbdze, de nacionalidad ghaneana, que no superó la infección y murió. No estaría de más recordar que instituciones como la orden de San Juan de Dios como muchas congregaciones religiosas y ONG españolas que trabajan en África, han sufrido los enormes recortes en cooperación efectuados por el actual gobierno de España, con la consecuencia de tener que reducir o incluso cerrar bastante de sus programas de ayuda a la población más vulnerable. No puedo menos que echarme las manos a la cabeza al enterarme que, por lo que leo estos días en los medios españoles, el gobierno tiene previsto pasar la factura del traslado del padre Miguel a la Orden de San Juan de Dios, que en Liberia lleva décadas realizando un trabajo de cooperación al desarrollo que ha dejado siempre el pabellón español muy alto, y no precisamente gracias a la cooperación oficial española.
Y, cómo no, no puedo evitar indignarme ante el hecho de que el avión medicalizado que envió el gobierno español no haya traído finalmente a las dos misioneras de la Inmaculada Concepción, Chantal Mutwamene –congoleña- y Paciencia Melgar -ecuatoguineana, por las que ni siquiera se interesaron cuando el equipo español llegó al hospital de la capital liberiana. Ambas trabajaban en el hospital de Saint Joseph de Monrovia, junto con los hermanos de San Juan de Dios. El avión tenía los medios para traerlos a nuestro país, y en el Carlos III podían haberlas acogido convenientemente. Que no vengan con historias de que en un caso así sólo se puede repatriar a ciudadanos españoles. Es lo menos que nuestro gobierno podía haber hecho como reconocimiento al personal de una institución que ha intentado contener la epidemia con sus pocos medios disponibles y que ha arriesgado su vida para salvar las de otros muchos.

lunes, 14 de abril de 2014

El diputado porteño PRO, Roberto Quattromano, junto al vicepresidente 1° de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Cristian Ritondo, presentó un proyecto que busca implementar un sistema de lectura de código QR, para la obtención de datos durante emergencias en la vía pública.

política



"Con la aplicación de este sistema, los profesionales de la salud ganarán tiempo al momento de asistir a los accidentados. Esto ya está funcionando exitosamente en Francia y España", señaló Quattromano, autor de la iniciativa. “Los usuarios de este nuevo servicio podrán cargar la información necesaria en la base de datos de una página web específica y, una vez terminada la acción, el software dará la posibilidad de imprimir el código QR para portarlo en un lugar de fácil acceso en caso de accidente”, explica el proyecto.

Este nuevo sistema permitirá al profesional obtener los datos clínicos de la persona accidentada. Escaneando este código, el médico encontrará en forma instantánea los datos personales y clínicos más importantes del paciente, como medicamentos, alergias, enfermedades, recomendaciones y contactos.

Por su parte, las personas podrán llevar el código QR en cascos, teléfonos celulares, lunetas - parabrisas o cualquier otro lugar que el usuario considere necesario, que podrá ser leído fácilmente por un teléfono celular.

Por medio de este sistema, el SAME podrá acceder, mediante personal autorizado, a un sistema digital de historias clínicas seguro, portable y flexible, disponible al momento de la emergencia y en el lugar donde lo requiera. La asistencia temprana y de calidad es fundamental para disminuir la mortalidad.

domingo, 1 de abril de 2012

"Identidad homosexual".


Comprender y sanar la homosexualidad
Por Lic. Viviana Nasif
(AA) Hace algunos años llegó a mis manos un libro inesperado por mi parte, a través de una amiga que reside en España. Este libro revelador, cargado de vivencias realmente dolorosas, que relata una historia de vida que conduce a su autor a un verdadero camino de felicidad y realización personal es el libro“Comprender y sanar la homosexualidad” de Richard Cohen.
Debo decir que poder acceder a este libro vivencial y científico a la vez, me permitió entrever la problemática de la sexualidad como un cuestionamiento profundo de la existencia. Esto corrobora, de una manera contundente, que cuando hablamos de sexualidad, no hablamos de aparato reproductor, de órganos sexuales, de genitalidad, hablamos de la persona sexuada, de un todo con identidad femenina o masculina.
Richard Cohen, relata su comienzo en la práctica de la homosexualidad como unilateral, sin elección, ya que fue el abuso sexual reiterado de una persona cercana afectivamente, lo que lo llevó a adoptar la forma de vida homosexual. Sufre una estafa emocional por parte de un hombre adulto, de su confianza, cercano a su familia –amigo de la familia en proceso de divorcio, al que le brindan hospedaje en su casa-. A través de cierta identificación por afinidad en gustos, rasgos de personalidad, etc. llega a tener plena confianza en este hombre, cual figura “paterna”. Esta cercanía se convierte en abuso emocional y físico-sexual, lo que desencadena la práctica de la homosexualidad, como forma de vida, en el entonces adolescente Richard.
A partir de este inicio que nadie desearía, ni para sí, ni para otro, mucho menos para un hijo o hija, comienza su camino doloroso de búsqueda, que el autor relata con todo detalle, tanto de comprensión de lo que le pasaba, de la profunda infelicidad que siente, hasta llegar a terapeutas que intentan confirmarlo en su "identidad homosexual". 
Lo que hace que Cohen siga buscando respuestas era la profunda insatisfacción que le acarreaba esta forma de vida, a pesar de reconocer la gente valiosa con la que tuvo oportunidad de compartir su vida, sus experiencias, su dolor.
También relata la experiencia de haber pasado por grupos religiosos evangélicos, de distintas denominaciones, que se dedican en EEUU a esta problemática. Hasta llegar a conocer a su actual esposa, con la que tiene ya tres hijos, y que encaminó su recuperación, haciendo él mismo su propia terapia que lo ha hecho mundialmente famoso, a pesar del repudio de algunas comunidades de homosexuales.
Lo que él intenta rescatar es la posibilidad, a través de una terapia que describe paso a paso en su libro, de encontrar paz y coherencia de vida para aquella persona que no se encuentra conforme con su "identidad homosexual". Ofrece a quien así lo requiera, poder sanar heridas emocionales -no sanar una enfermedad- y que de alguna manera, como sufrió en carne propia, esas heridas generadas por la falta de afecto paterno, esa falta de comprensión de las diferencias entre su padre y él, lo impulsaran a buscar el afecto masculino en otro hombre con quien se identificara por semejanza de caracteres y afinidad de inclinaciones. La dificultad estuvo centrada en la confusión de afectos que esta búsqueda generó, terminando en sucesivas relaciones sexuales homosexuales, que lejos de plenificarlo le acarrearon inmenso dolor y disconformidad con su vida.
De esta manera, y para beneficio de la sociedad, llega a descubrir que ese dolor e inconformidad se centraban en la búsqueda de afecto-cariño-contención-valoración masculinas no genitales, sino emocionales, reconocimiento, valoración, cercanía, que su padre no supo brindarle.
Estas distintas manifestaciones afectivas van llegando, una vez iniciado el camino terapéutico, a través de distintas figuras masculinas que van sanando las heridas causadas por el padre de igual sexo, y van proveyendo de afecto, abrazos, caricias, palabras de valoración que van llenando vacíos en la vida de quien pide comprender y sanar la homosexualidad.
Los invito a leer este trabajo lleno de vivencias, de emociones, escrito con el corazón, pero también con rigor profesional con el fin de poder transmitir experiencias y conocimiento, buscando-como él mismo lo ha expresado- compartir experiencias y un camino de sanación emocional, a través del cual logra recuperar en plenitud su identidad heterosexual.